martes, 11 de noviembre de 2014

.M.

Todos o casi todos tenemos una eme mayúscula en nuestra vida...

Mi eme es tan delgada que parece que si viniese una ráfaga de viento pudiese llevársela sin problema. Ella es de esas personas que parecen tan frágiles que un pequeño golpe pudiera romperla en mil pedazos. Pero ahí sigue, a pesar de los golpes de la vida.
Pueden vislumbrarse unos ojos que en un pasado eran enormes, oscuros y profundos, y con el tiempo se han visto hundidos en ojeras provocadas por los tiempos de desvelo y el llanto recurrente.
Su sonrisa siempre oculta por un complejo arrastrado desde atrás, ahora es triste y efímera. Sin gracia y más forzada que otra cosa.

No habla por no molestar... Es dulce, suave y buena. Tiene sus pequeños fallos como todos.
No le gusta nada cocinar, y sus cualidades son mucho mayores en otros sentidos.
Ella me hace sentir grande en todo lo que hago, como si yo fuese de verdad alguien en la vida. Si las personas tienen el valor de como nos hacen sentir... Ella tiene un valor incontable.

Para mi ella, es ELLA. Mi M...

Única y querida.

Sin ella yo no seria lo que soy.

Nada más.




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